Crees que pocas cosas valen lo que el silencio, más aun si
este llega después de un tiempo de grandes estruendos, de ruidosas tormentas.
Por fin la calma callada, tranquila, en paz.
Silencio.
Y sin embargo, un sonido nuevo te sorprende, llega de
improviso, sin avisar. No sabes cómo ni cuándo, pero sientes que es diferente,
la calma sigue intacta porque el silencio se mantiene, no está roto, solo
juegan con él.
La música te envuelve, quieres saber más, ¿de dónde viene?
Entonces lo notas, ahí está, es un piano. Pero ¿puede un solo instrumento
acariciar el tiempo así? No lo creo. Quizás haya más, quizás sean las manos que
lo tocan, pero no, no es eso…
Y lo sientes, sientes que hay un corazón, no puede ser de
otra forma, él es el que marca el compás de la música, el que la hace latir inundando
la paz que te envolvía. No molesta, al contrario, es agradable. Y, solo ahora,
descubres que no has dejado de sonreír desde que empezó a sonar.
06.09.16
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