"Algún día encontrarás un amor a la altura de tu inocencia"

viernes, 27 de abril de 2012

Rompecabezas.



Cuando nacemos, nuestra mente es como un conjunto de piezas de rompecabezas que aún nadie ha sacado del envoltorio.
A medida que vamos creciendo, esas piezas comienzan a unirse, pero no por sí solas, son otras personas, otras circunstancias las que se encargan de ello.
El resultado es lo que somos, o al menos, lo que creemos ser. Y digo creemos, porque estamos firmemente convencidos de ello, pues juraríamos que las piezas están cada una en su sitio y que no existe posibilidad de que encajen en otra parte.
Después, otras personas, otras circunstancias desarman de un golpe todo ese puzzle que tanto tiempo había tardado en ser terminado.
Reaccionamos rápido, y descubrimos que aquello que lo armó en su momento puede volver a dejarlo exactamente igual.
 Pero entonces… algo falla, las piezas no se pegan, se caen, se vuelven a desarmar por el mismo golpe que antes, y así una y otra vez, hasta que caigamos en la cuenta de que la solución no está en volver a ponerlas en el mismo sitio, ni tampoco en dejarlas donde hayan caído, sino que la solución es que nosotros mismos seamos capaces de armar ese rompecabezas, y seamos los que elijamos qué mover, y qué dejar como estaba.


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